Realpolitik.png

- La cara B de Indie Cinema -

Lehman Brothers y el Covid

Sebastián Arabia I 03/02/2021 I Análisis I 

Cuando Lehman Brothers se desmoronó en el año 2018 causando un efecto dominó que contagio rápidamente a otros bancos y empresas, la cosa estaba clara. Todos miraron a la Casa Blanca en busca de la salvación. Aunque la crisis que recién se había desatado a nivel mundial no fue a causa de negligencias o acusaciones similares. Fue producto de la idiotez y el fraude. Un fraude manifiesto e indiscutible. El agua de la piscina había bajado rápidamente para dejarnos ver toda la mierda de un sistema totalmente amañado. Era el momento en el que el gobierno de George W. Bush podía tomar el control del mercado pero esto, en el país de los sueños y las oportunidades, no es nada fácil. No se presenta todos los días una oportunidad así. Hubiese sido de esperar que, ante esa orgía de corrupción -una estafa de niveles nunca conocidos- no tardaríamos en ver al FBI metiendo en sus coches a señores muy bien vestidos. En paralelo a esto, la segunda medida razonable hubiese sido también, convertir a los gigantes bancarios en bancos mucho más pequeños. Llegados a este punto cabe recordar al presidente Bill Clinton derogando en 1999 la Banking Act por la Financial Services Modernization Act. Básicamente, un nuevo comienzo para continuar con la fiesta. En esta ocasión, firmada por un demócrata. Lo sé, cuesta muchos distinguirlos.

Se suponía que esta sería la muerte del capitalismo, tal y como afirmó alegremente el presidente francés Nicolás Sarkozy; poco más que iba a haber un nuevo orden mundial. Pues no. Nada de lo anteriormente dicho sucedió. El secretario del Tesoro Paul O'Neill, correteaba de un lado a otro para conseguir que el Congreso de los Estados Unidos le firmara un cheque en blanco para el rescate del sistema financiero y, por otro lado, trabajaba para hacer que los bancos se fusionaran y fueran unos gigantes descomunales. Consiguieron ambas cosas. Los bancos se embolsaron los impuestos de los ciudadanos con los que se pagaron unos sueldos obscenos. Y, poco después, volvieron al mismo negocio de las hipotecas empaquetadas en mierda. Corrijo, son corruptos, pero no estúpidos. ¿Por qué? Porque ya lo sabían. Sabían que, llegado el momento, iban a ser rescatados por el gobierno. Y por eso, todo les daba exactamente igual.  

 

No era un gobierno que tomaba medidas contra la absoluta irresponsabilidad de la banca. No. Era un gobierno arrodillado no ya ante el poder económico, sino ante un sistema económico totalmente fraudulento. Y ahí quedo la cosa. Ni más, ni menos. No recordemos ahora la investidura como presidente de George W. Bush, de la mano del Tribunal Supremo Norteamericano. Sería demasiado.

Ahora ha llegado un nuevo protagonista, el Covid 19. Comenzó en China y, después, el mundo entero.  Ha sido un giro totalmente inesperado de los acontecimientos. Es algo monumental, peligroso y que ha sembrado la incertidumbre y el miedo en la población. Mientras escribo estas palabras los datos dicen que en todo el mundo ya hay 103,4 millones de contagiados y 2,2 millones de muertos. Y sin un horizonte claro incluso, con la promesa de esas vacunas que algún día llegaran.

Algunas voces, sin desmerecer esta tragedia, afirman que los grupos sociales más a la derecha -y que voceaban a favor de la privatización de todo, así como una importante reducción de la inversión pública- han plegado velas y, como en cualquier crisis, han solicitado ayuda al estado. Aun teniendo detrás a la llamada mano invisible del mercado. Un nombre demasiado dramático, la verdad. Esto no es un thriller.

En cualquiera de los casos, estas voces esperanzadas creen que la unidad de las diferentes clases sociales contra el virus generará una unión más fuerte que mirará hacia una sola dirección: La Moncloa, ante la obviedad de que solo un gobierno es capaz de afrontar una crisis de semejante envergadura en detrimento de cualquier gran empresa o corporación. Al parecer, en esta situación, cualquier idea conservadora o más cercana al neoliberalismo ha guardado silencio ante las presentes circunstancias. Ahora respetan el sistema de salud pública que tanto han criminalizado. Y que tanto han perjudicado.  Ahora todo el mundo hace piña, los unos con los otros, porque este virus puede afectar a cualquiera independientemente de su clase social. También afirman los bien pensados, que la idea de que el neoliberalismo no pueda hacer ni frente, ni negocio, ha quedado totalmente pulverizada. En resumen, que este virus ha logrado que nuestra escala de valores social haya cambiado. Todo esto sin mencionar, claro está, la ola de crisis y paro que esta pandemia va a generar. Poca imaginación hace falta para saber quiénes serán los primeros en caer. ¿Seguirá existiendo esa nueva escala de valores para protegernos los unos a los otros cuando esto suceda?  Yo creo que no.

 

Creo que caerán los de siempre. Y como siempre, serán llamados vagos y subvencionados. Es absurdo pensar que el neoliberalismo se va a detener ante algo así. Tan solo deberá enfocarlo adecuadamente y en el mejor momento. Hablamos de grupos de poder que son capaces de sacarle beneficio a una guerra. Que son capaces de crear gobiernos, oposición y milicias. Todo al mismo tiempo. Creer que el neoliberalismo está entre la espada y la pared con esta crisis es, con todos los respetos, algo muy naif. Simplemente no es así. Los think tank cambiaron el término “crisis climática” por el de “cambio climático” para que todos los informativos del mundo lo repitieran una y otra vez; o eso de llamar a Guantánamo “Limbo Legal”. Son los mismos que vieron la oportunidad de privatizar media Nueva Orleans mientras sus ciudadanos se ahogaban entre techos y riadas. Y, por supuesto, el FBI tardó entre tres y cuatro días en hacer llagar agua a la zona. No señor. Ellos no se dedican a sacar tajada afrontando una crisis como un virus mundial o una inundación. Eso que lo haga el gobierno. Ellos esperan hasta ver su oportunidad. Son los mismos que ya tienen kilómetros de tierra comprada en Alaska, porque realmente creen en el calentamiento global. Pero la salvación solo será para ellos. Son los mismos que ya están especulando sobre el agua, como materia prima. No si antes comenzar a ensayar posibles ideas para conseguir privatizarla. No. Una corporación no tiene ningún interés en implicarse en luchar contra ninguna crisis. Le interesa llegar cuando la catástrofe ya está declarada. Que el gobierno se ocupe, después ya llegaremos nosotros. Ya llegará su momento y si no hay nada interesante ahora, nada harán. Pueden esperar. Ya llegará su momento. Sea de una u otra manera siempre estarán ahí y siempre ganan.

© 2021. Todos los derechos reservados

Indie Cinema es una marca comercial registrada propiedad de Off Cinema Producciones S.L, sociedad mercantil

inscrita en el TOMO 27.812 · FOLIO 1 · SECCIÓN 8 · HOJA M501202 del Registro Mercantil de Madrid.