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(La cara B de Indie Cinema)

Realplotilk: La cara B de Indie CInema

Gustavo Ducasse I 13/01/2021 I Artúculo

Somos los de indie Cinema. Principalmente, Gustavo Ducasse y Sebastián Arabia. Abrimos este blog, en el que esperamos que con el tiempo participen también amigas y colaboradores, con el objetivo de escribir sobre dos temas que nos apasionan: el cine y la política. ¡Que nadie se alarme! No pretendemos ahora convertirnos en densos e influyentes analistas políticos, ni tampoco en críticos de cine.

Consideramos este espacio como algo parecido a la cara B de Indie Cinema. Una ampliación de la ventana a través de la cual vemos el mundo. Y cuando hablamos de cine y política, nos queremos referir a ambos temas en su sentido más amplio. Algo que, seguramente, iremos descubriendo juntos.

Intentaremos también, contar algo sobre nuestra experiencia en esa aventura que se llama Indie Cinema y en la que llevamos ya embarcados cerca de nueve años. Y, por que no, también publicaremos alguna buena noticia sobre nuestros proyectos y trabajos.

¡Ah! ¡Se nos olvidaba! Hemos bautizado este blog con el nombre de Realpolitik. En parte, siendo sinceros, porque hay que ponerle una marca a todo (ni que fuéramos la Warner Bros.). Pero, sobre todo, por lo que significa en el contexto de la política actual. Es un término de origen alemán, cuya traducción podría ser “la política de la realidad”. Lo acuñó Otto von Bismarck, el canciller alemán, allá por el siglo XIX. Inicialmente se aplicaba a la diplomacia internacional y apostaba por una política estrictamente práctica como elemento fundamental para el avance de un país y sus intereses (al margen, claro está, de otros principios éticos, filosóficos o teóricos). Hoy es un término al que, en muchas ocasiones, acuden los políticos para explicar el sacrificio de algunos de sus valores e ideas como pago para la obtención de otros beneficios supuestamente mejores y más importantes. Para nosotros, los profanos de siempre, significa la complejidad cotidiana en la que se ve envuelto cualquier ser humano en la tierra, a la hora de confrontar sus valores e ideas con la dura realidad y el dilema que esta confrontación desencadena: ¿Hasta dónde estamos dispuestos a ceder?

Gustavo Ducasse I 13/01/2021 I Análisis

Abrimos este espacio para hablar de imágenes. Imágenes concretas que se han vuelto miles y pueblan nuestra cultura. Imágenes de todo tipo, cualquiera sea su naturaleza o procedencia, fotografía, cine, un cartel publicitario, incluso un entorno natural o un espacio urbano, con tal de que interpelen nuestra mirada y nos susciten una lectura. Queremos detenernos en ellas y contar lo que nos dicen.

 

Recurrimos, pues, a las viejas y conocidas palabras, las mil palabras del proverbio, para recuperar, paradójicamente, aquella experiencia intensa con la imagen, que es a la vez una experiencia intensa con nuestra propia percepción, nuestra propia mirada y, en definitiva, nuestra propia construcción como sujetos.

Hace algunos años, los periódicos de este país y del mundo publicaban en sus primeras planas una noticia que, todo hacía suponer, daba cuenta del comienzo de un nuevo orden mundial. En una serie de fotografías, que pasaron a la historia, se reflejaba la sensacionalista puesta en escena de cuatro líderes mundiales que lanzaban desde las Islas Azores -sin el respaldo de la ONU- un ultimátum al régimen iraquí de Saddam Hussein para que se desarme y otro al propio Consejo de Seguridad de la ONU para que respalde dicha resolución. Todos recordamos aquella historia y su trágico desenlace, la invasión de Iraq.

Sebastián Arabia I 13/01/2021 I Narrativa

Siempre había sido así. Caía bien a todo el mundo, pero no lo suficiente para que contaran con él en cenas, fiestas u otros eventos sociales. Rara vez alguien se acordaba de él. No tenía amigos. Tan solo conocidos. De hecho, en una ocasión, hace ya muchos años, alguien le había dicho que no era un tipo muy memorable. En definitiva, un hombre agradable pero muy fácil de olvidar. Era un buen trabajador y sus jefes le tenían en estima, pero llevaba 20 años en el mismo puesto, ya que no tenía ninguna posibilidad y mucho menos la ambición de ascender.

Su mujer, que le había abandonado por el dueño de un asador de pollos, siempre le recriminó su falta de pasión y nervio. –“Eres como una tortuga”, le dijo antes de irse. – “¡¿Porque no lloras o me gritas?! ¡Te estoy dejando por otro! ¡¿Por qué no destrozas la casa?! ¡¿Por qué no me coges aquí y ahora y me follas para intentar evitar que me vaya?!” Él, tan solo pudo responder con el silencio. Siempre había entendido la vida como una rutina tranquila y ordenada. Sin sobresaltos, ni sorpresas. Le gustaba que las cosas fueran simples.

Adoraba las miniaturas. Daba igual de lo que fueran, animales, barcos o coches. Invertía horas en pintarlas, barnizarlas y ordenarlas en las diferentes estanterías de la casa. Le gustaba tanto, que a menudo soñaba con abrir una tienda de miniaturas. – “Pero es que yo no sirvo para eso”, decía cada vez que surgía el tema, con una leve sonrisa ladeada por la frustración.

Los años pasaron y se jubiló. No hubo fiesta de despedida en la empresa. A todo el mundo se le había olvidado. Los conocidos en su vida fueron y vinieron hasta que, finalmente, la soledad se quedó como su única compañera. Podía pasar días enteros sin hablar con nadie, sin articular una sola palabra, mientras que el silencio que tanto había adorado durante toda su vida, ahora, se había convertido en un zumbido denso e insoportable que, día tras día, perturbaba sus pensamientos. Comenzó a hablar solo, intentando así acallar el áspero sonido del silencio. Pero apenas lo conseguía. Aprovechaba cualquier coyuntura para hablar con quien fuera. En el ascensor o en la panadería, hablaba con el primero que le prestara un mínimo de atención. Eran conversaciones que apenas duraban unos minutos.

Sebastián Arabia I 13/01/2021 I Narrativa

En comunicación y publicidad, no es ninguna novedad que las afiliaciones o afinidades políticas se producen por razones emocionales que, posteriormente, uno intenta racionalizar o argumentar. Esto también puede suceder por la cultura heredada en el seno de la familia en la que uno se ha criado. Igual que el equipo de futbol, también se hereda el periódico que se lee o el partido político al que se vota. En muchas ocasiones, el ciudadano no tiene más que un cumulo de sentimientos y prejuicios que operan por encima su consciente racional. Habitualmente obvia los hechos y los datos que le cuestionan, atribuyendo al adversario un argumentario erróneo en su totalidad y, en muchas ocasiones, plagado de una maldad oculta y terrible. Esto, plantea un obstáculo que parece insalvable. Parecería que el principio del pensamiento racional para discernir, por ejemplo, a quien votar, ha sido sustituido por una cuestión de fe. Es decir, ¿se puede mantener un debate racional sobre la existencia de un Dios, con un creyente de ese dios? La respuesta es que no. Porque el creyente, cree. Punto. Tiene un convencimiento, no en base a una serie de experiencias, hechos y datos corroborables que conforman una realidad, sino que, por el contrario, el creyente cree en base a unos sentimientos y emociones, que no necesitan de nada más para sustentarse o justificarse.

Lo relativamente novedoso sobre esto, es que ahora los partidos políticos y los medios de comunicación operan en base a este principio. Esta cosa llamada posverdad, que muchos dicen que no es más que una palabreja que viene a definir algo tan antiguo como el ser humano, la mentira. Yo no estaría tan seguro. 

Indie Cinema es una marca comercial registrada propiedad de Off Cinema Producciones S.L, sociedad mercantil

inscrita en el TOMO 27.812 · FOLIO 1 · SECCIÓN 8 · HOJA M501202 del Registro Mercantil de Madrid.