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Los crímenes contra la humanidad de Israel

Sebastián Arabia I 04/06/2021 I Opinión I 

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En las últimas semanas la violencia se ha vuelto a desatar en la Franja de Gaza, saldándose con una cifra aproximada de 250 palestinos muertos, entre ellos 62 niños. Además de esto, los ataques causaron cerca de 1.948 heridos de diversa gravedad. A esta lista, hay que sumar también a 30 palestinos más, muertos a manos de las fuerzas de seguridad israelíes durante las últimas manifestaciones en Cisjordania. Por su parte, los cohetes de Hamás lanzados desde la Franja causaron la muerte de 12 personas, incluyendo a dos menores de edad.  

En esta ocasión, la violencia estalló cuando las fuerzas de seguridad israelíes irrumpieron en la mezquita de Al Aqsa, un lugar sagrado para los musulmanes, hiriendo a centenares de personas que se habían concentrado para protestar contra la expulsión de sus conciudadanos palestinos del barrio de Sheikh Jarra en Jerusalén. La policía utilizó balas de goma, granadas paralizantes y gases lacrimógenos. No siendo este el único incidente grave - ya que los palestinos habían protestado en numerosas ocasiones contra la violencia israelí en días de ramadán-, Hamás lanzó el pasado 10 de mayo varios proyectiles contra Israel como respuesta.

Desde entonces y una vez más, el mundo ha explotado con manifestaciones, artículos, tweets, tertulias y todo tipo de opiniones a favor y en contra de las acciones de Israel contra el pueblo palestino. Un argumentario bastante corto el de los que se muestran a favor, ya que se limitan a calificar a Hamás como un grupo terrorista y consideran las acciones de Israel como de legítima defensa. Poco más. Cabe destacar en este punto que, aunque pudiésemos denominar a Hamás como un grupo radicalizado o, incluso, terrorista, su creación data del año 1987, es decir, 20 años después de la llamada Guerra de los Seis Días y la ocupación ilegal por parte de Israel de los territorios palestinos. Por lo que no sería descabellado decir que son fruto del conflicto y no el origen de éste.  De la misma forma, también es importante tener en cuenta que Hamás seguramente no habría nacido o no habría nacido con tanta fuerza sin el apoyo del propio Israel que, en una estrategia típicamente occidental dio alas a uno de sus fundadores, el jeque Ahmed Yassin, como contrapeso útil contra la OLP de Yasser Arafat. Es decir, el eterno enemigo de izquierdas al que hay que abatir.

Pero lo que más se ha oído, lo que más se ha afirmado una y otra vez, es que Israel está cometiendo crímenes contra la humanidad. No es una acusación menor ni mucho menos. Y si cabe, más grave aun cuando está dirigida contra un país donde muchos de sus ciudadanos son víctimas o hijos de víctimas del holocausto nazi.

Cuando decimos crímenes contra la humanidad nos estamos refiriendo a crímenes de una espacial gravedad como pueden ser el asesinato, el exterminio, la esclavitud, la deportación o traslado forzoso de la población, la privación de libertad, la desaparición forzada, el secuestro o la tortura, que se comete como parte de un ataque generalizado o sistemático contra una población civil y con conocimiento de dicho ataque. Esta descripción, no es una opinión. Es una definición legal la cual se puede encontrar, sin ir más lejos, en el Diccionario Jurídico Español. No hace falta buscarlo en ningún encriptado y exótico tratado internacional.

Para que existan crímenes contra la humanidad por parte de un Estado tiene que existir el terrorismo de Estado como herramienta fundamental para instaurar el terror en la población. Para esto, el uso de la violencia debe ser generalizado y absolutamente desproporcionado. No existen reglas ni normas a las que acogerse para sobrevivir, cualquiera puede ser el siguiente independientemente de su condición o edad. Incluyendo a niños y bebés.

Se llama “cortar el césped”. Según esta teoría estratégica israelí, cada dos o tres años hay que llevar a cabo operaciones militares que mermen o neutralicen la capacidad militar de Hamás. Esta medida preventiva, se basa en la idea de que Israel nunca está segura del todo ante cualquier posible ataque o atentado terrorista y, por lo tanto, debe anticiparse. Más allá de lo racional o no de este principio, la verdad es que las cifras ofrecen un retrato que dista mucho de los resultados que debería ofrecer un ideario tan supuestamente sofisticado.

Israel ha bombardeado y bombardea hospitales, escuelas, edificios de viviendas o mezquitas de manera totalmente generalizada e indiscriminada, causando el mayor número de víctimas mortales posible. No hace falta ser un genio en estrategia militar para darse cuenta de que ese no es el mejor modus operandi para abatir o apresar a miembros de Hamás, ni de mermar sus infraestructuras. Pero sí es la más indicada para causar auténticos desastres.

Durante la operación “Plomo Fundido” en el año 2008 resultaron muertos entre 1.385 y 1.419 palestinos. La inmensa mayoría eran civiles. Entre ellos, 308 eran niños o menores de edad. Más de 5.000 personas resultaron heridas de diversa gravedad. Entre las filas del ejército israelí resultaron muertos 13 soldados, cinco de ellos por fuego amigo, además de cuatro civiles victimas de los 778 cohetes lanzados por Hamás. Cerca de 20.000 personas se quedaron sin hogar y muchos de ellos tuvieron que abandonar la región. En el año 2014 Israel dio luz verde a la operación “Margen Protector”. Está incursión se saldó con la muerte de 2.251 palestinos (1.462 civiles, 551 de ellos eran niños) y 73 israelíes, de los cuales 67 eran militares. Más 15.000 viviendas fueron destruidas y 108.000 familias se quedaron sin hogar. Estas son las cifras de dos de las oleadas más sangrientas de Israel en las ultimas décadas. Pero la realidad es que, en cualquiera de sus operaciones, con cifras más o menos escandalosas, existe un dato persistente que come cualquier estadística: las bajas civiles. Y como debemos suponer que tanto la inteligencia como el ejército israelí, no son una panda de incompetentes que no saben a dónde disparan ni lo que bombardean, tenemos que concluir en que estos ataques son totalmente premeditados. Por lo tanto, cuando se refieren a “cortar el césped”, la deducción es fácil: Se están refiriendo a la población en general y no a un grupo de milicianos en particular.

Un buen ejemplo de esto es el caso Al Daraj. En el año 2002 un avión caza F-16 de la fuerza aérea israelí lanzó una bomba de una tonelada contra un edificio de viviendas en Al Daraj, uno de los barrios con mayor densidad de población en Gaza. Causo 15 muertos, entre ellos niños y bebes, y más de 150 heridos. La razón que el gobierno israelí esgrimió para tamaña acción fue que tenía como objetivo eliminar a Salah Shehadeh, un dirigente de Hamás.

En términos de inteligencia, cuando ya tienes a un objetivo localizado, no tienes que cometer semejante barbaridad para eliminarlo. A veces, con llamar al timbre basta y, si no es el caso, existen otras formas que el Mossad conoce ya muy bien. No se puede justificar y, claro está, no pudieron justificarlo. No existe ley o norma de confrontación que ampare algo así. Ni la lógica más básica explica un comportamiento así. A no ser, que la propia acción tenga un sentido en si misma. Y es que esa bomba, como otras tantas, llevaba un mensaje implícito para todos los palestinos y palestinas: en cualquier momento, siempre que queramos y cuando queramos, arrasaremos vuestras casas y mataremos a vuestras familias. Punto.

Algo que ya es obvio, pero igualmente reseñable, es que Israel ha renunciado a lo que se llama la “Respuesta proporcional”. Es la teoría la que plantea que el uso de la fuerza por parte de los Estados siempre debe ser en legítima defensa y proporcional. Ya que, de otra forma, se podrían producir situaciones de arbitrariedad, represión o abusos de poder, así como empeoramientos del conflicto original. Por poner un ejemplo fácil y para que nos entendamos, es como si después de la “invasión” de la Isla de Perejil, el presidente Aznar hubiese ordenado el bombardeo de Rabat. Vamos, un disparate de consecuencias disparatadas.

Israel ni siquiera roza este principio. No ya por las cifras de víctimas antes dadas, que es lo principal, sino porque su capacidad militar en comparación con la de Hamás es descomunal. Además, controlan el territorio, tienen un gran número de efectivos desplegados y están mucho mejor equipados. Pero más allá de todo su poderío armamentístico, Israel cuenta además con él con el llamado “Domo de Hierro” o “Cúpula de Hierro”. Es un escudo antimisiles de última generación que es capaz de interceptar más del 90% de los proyectiles que pudiesen suponer un peligro para su población o infraestructuras. Aunque es una realidad que Hamás ha sabido hacerse con un gran arsenal de cohetes y una mayor capacidad de fuego con la que busca saturar el sistema israelí y así conseguir más blancos, esto es por el momento un deseo más que una realidad. De la misma forma, la gran mayoría de cohetes en poder de Hamás son los llamados Qassam, cuyo alcance no supera los 10 kilómetros de distancia y no cuenta con ningún tipo de sistema o tecnología de guía. Es decir, no existe una sola razón lógica o aceptable para las sangrientas incursiones de Israel en Gaza, en nombre de la legítima defensa.

El asesinato generalizado y premeditado contra la población civil por su condición racial o de cualquier otro carácter similar es, por definición, un exterminio o a la intención de llevar uno a cabo uno. No hace falta un número determinado de víctimas para que sean o no crímenes contra la humanidad. Tan sólo el plan, la intención de llevarlo a cabo y las víctimas. Sean dos, dos mil o dos millones. Algo que encaja perfectamente con el modus operandi del Estado de Israel y, en especial, con el del gobierno de Benjamín Netanyahu.

 

Pero, además, también hay que contemplar las condiciones de vida a las que se ven sumidos los palestinos como causa directa de la ocupación israelí. Bien por los bombardeos o por otras causas relacionadas, viven con continuos cortes de agua corriente, electricidad o falta de acceso a la sanidad más básica, entre otras carencias.

Gaza es una zona que está superpoblada y en condiciones de pobreza generalizada, en lo que el ex primer ministro británico, David Cameron, describió como “una prisión al aire libre”. No sólo existen problemas importantes de salud física, sino que también se estiman dramáticos problemas de salud mental, sobre todo en los niños. Después de este ultimo ataque de Israel, la epidemia del COVID 19 se ha multiplicado al carecer de los recursos médicos más básicos. Las viviendas destruidas se cuentan por miles y las infraestructuras son prácticamente inexistentes. Es una zona en la que es totalmente imposible que se pueda producir cualquier tipo de desarrollo social. En Cisjordania, por su parte, se vive en un auténtico estado de apartheid desde hace ya 47 años. Una situación tan radical, que el propio arzobispo Desmond Tutu afirmó: “Los palestinos viven una represión mayor de que la que jamás hubiesen soñado los ideólogos del apartheid”. Y es que todo está conectado de una u otra forma, porque el apartheid de Sudáfrica o la dictadura de Videla en Argentina, estuvieron sustentadas por dinero y armas israelíes. Rennée Epelbaum, una de las fundadoras de Madres de la Plaza de Mayo, dijo una vez: “No quisiéramos enterarnos de que nuestros hijos judíos fueron asesinados con armas israelíes”

Según la confesión de muchos soldados arrepentidos, el objetivo primordial de Israel es que Palestina y los palestinos vivan débiles y vulnerables. Para esto se llevan a cabo multitud de operaciones diarias que ya ni siquiera se molestan en disimular ante las cámaras, es más, le interesa que se vean. Cuanto más, mejor. Estamos hablando de palizas y maltratos, constantes registros al azar de viviendas - por supuesto sin ningún tipo de procedimiento judicial - , registros indiscriminados de personas, constantes patrullas, toques de queda, detenciones arbitrarias de menores o, incluso, el arresto indefinido de todos los hombres de un pueblo.

Podríamos decir que la vida de los palestinos es invivible. Una auténtica pesadilla. Parece inequívoco que Israel ha creado el infierno en la tierra para ellos. ¿Con qué objetivo? Con el objetivo de que se vayan de allí. Que existan, bien. Pero que existan en otro sitio ¿En dónde exactamente? Eso no lo sabe nadie. Pero este comportamiento por parte de Israel encaja perfectamente con la definición legal que establece como crímenes contra la humanidad la detención ilegal y el traslado forzoso de la población civil.

Es importante resaltar su calificación: crímenes contra la humanidad. Es decir, son crímenes que por su enorme gravedad competen a toda la humanidad y, por lo tanto, a cualquier tribunal de justicia de este planeta. Ese es el llamado principio de Justicia Universal. Este principio reconocido en la legislación internacional forma parte del derecho constitucional de la gran mayoría de países, ya que su carta magna reconoce la ley internacional suscrita como propia. En España, por ejemplo, había más de una decena de casos abiertos en la Audiencia Nacional, antes de que el gobierno del presidente Mariano Rajoy pervirtiera tanto el texto legal - ante las presiones de China e Israel -, que lo terminó dejando tan absurdo como inútil. Entre esas causas, había dos abiertas contra Israel por el anteriormente mencionado caso Al Daraj y el conocido caso de la Flotilla de la Libertad.

Seguramente, lo más incomprensible de esta situación es que, aunque existieran precedentes como el propio derecho consuetudinario, estos principios fundamentales se establecieron a partir de los juicios de Nuremberg, tribunales de justicia internacionales creados ad hoc, que juzgaron a los nazis por el exterminio de los judíos. Fueron apresados, juzgados y condenados. Muchos de ellos a muerte. Pero no quedando ahí el precedente, una vez creado el Estado de Israel, el Mossad se dedicó a localizar nazis escondidos por el mundo para llevarlos a Israel y juzgarlos. Un ejemplo de esto es el caso de Adolf Eichmann, uno de los máximos artífices de la solución final de Hitler, en la que se planeaba la eliminación de todos los judíos de Europa, a través de una maquinaria de muerte nunca vista antes por el ser humano. Eichmann se escondía en Argentina con una identidad falsa. Fue localizado por un grupo de los servicios secretos israelíes, secuestrado y llevado ante un tribunal de justicia en Israel. Curiosamente, fue juzgado en un país que ni siquiera existía cuando Eichmann cometió sus infames crímenes. Aún con todo, la corte israelí razonó este proceso y el proceso fue respetado por la gran mayoría de la comunidad internacional. Fue Israel quien proclamó estos principios para ellos y para el mundo, en un intento de evitar que algo como el exterminio nazi volviese a suceder y, si volvía a suceder, que existieran herramientas para hacer justicia. Para los que aún se sienten incómodos a la hora de señalar los crímenes de Israel a causa del holocausto, deberían entender que no son dueños de ninguna posición eterna como victimas de la atrocidad y que nada justifica sus atrocidades. No fueron crímenes contra los israelíes, fueron crímenes contra la humanidad y, por lo tanto, a la humanidad deberemos referirnos sea quien sea el victimario.

El jueves 20 de mayo ambas partes aceptaron un alto el fuego sin condiciones y con la medición de Egipto. El 27 de mayo el Consejo de Derechos Humanos de la ONU aprobó con 24 países a favor, 9 en contra y 14 abstenciones, una resolución por la que se iniciaba una investigación por posibles violaciones del derecho humanitario internacional. De la misma forma, la alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, instó a cualquier Estado a que se abstuviera de vender armamento susceptible de ser usado para cometer violaciones contra los derechos humanos, a alguna de las partes implicadas.

Ante esto, el Ministerio de Asuntos Exteriores Israelí se apresuró a rechazar esta investigación y a dejar claro que no existiría ningún tipo de colaboración por su parte. De la misma forma, quiso recalcar que está iniciativa había sido tomada por un “órgano con mayoría antiisraelí” y que sus fuerzas de seguridad siempre actúan con los más “altos niveles éticos y de acuerdo “con el derecho internacional”. A la par de estas declaraciones, Estados Unidos lamentó la apertura de esta investigación y a modo de advertencia, afirmó que “podría poner en peligro los logros alcanzados con el alto el fuego”.

Y aquí está uno de los grandes mantos de impunidad para Israel. Estados Unidos siempre le ha mostrado un apoyo absoluto a todos los niveles, bien fueran demócratas o republicanos los que ostentaban el poder. Y siempre le ha abierto de forma privilegiada las puertas de su arsenal militar. Y aunque es sabido que Irán apoya a Hamás, ni punto de comparación con el potencial armamentístico del país anglosajón hacia Israel. Quizá, la comisionada Bachelet se refería a esto mismo. Por ejemplo, el escudo antimisiles mencionado anteriormente “Cúpula de hierro”, nació de un acuerdo entre ambos países y Estados Unidos incluso participó en su financiación con la empresa armamentística Rafael Advenced Defense System LTD. Y, de la misma forma, si no fuera por el respaldo norteamericano a nivel político y diplomático, sería totalmente imposible que Israel hubiese llevado a cabo la tonelada de crímenes que suma hasta ahora.

Cabría, incluso, preguntarse si Hamás no es lo mejor que le ha pasado a un gobierno como el de Netanyahu y viceversa. Ya que la posición de ambos no hace más que justificar la radicalización del otro. Y si este fuera el caso, Estados Unidos, al que se le llena la boca con cosas como la “Respuesta proporcional”, aunque luego hace todo lo contrario, debería darse cuenta de que no estamos hablando de un conflicto bélico, ni de dos partes en igualdad de condiciones. Incluso bajo su prisma, un grupo terrorista y un Estado militarizado son, obviamente, cosas muy diferentes. Sobre todo, si en medio hay millones de vidas palestinas totalmente indefensas. Estados Unidos, un país que prácticamente exterminó a una raza entera y tuvo esclavizada a otra en los campos de concentración del algodón, y que aún hoy la sigue tratando como a una casta ejecutable en las calles de la miseria, debería darse cuenta de que lo que está sucediendo en Cisjordania nada tiene que ver con la defensa o la seguridad. Y claro que se da cuenta. Pero el dinero lo compra todo. Y todo lo que ha hecho el presidente Biden, ha sido decir eso de “Israel se está defendiendo” para posteriormente salir pitando del atril. No creo que nadie esperara un vuelco total de la política exterior norteamericana en dos días, pero si unas palabras con un poco más de horizonte.

Casi con total probabilidad, a mediados de este mes de junio el gobierno de Benjamín Netanyahu se verá desbancado por una coalición de la oposición liderada por el ultranacionalista conservador Naftali Bennett, quien ocupará el cargo de primer ministro durante los dos próximos años, para después rotar el cargo con el promotor de esta alianza el centrista Yair Lapid. Lo más reseñable de este movimiento político, es que en el acuerdo se encuentra incluido un partido árabe. No hay precedentes en los 73 años de historia del Estado de Israel. Se trata del partido político Ramm, liderado por Naftali Bennett. Entre sus primeras exigencias, está la paralización inmediata del traslado o desalojo de los beduinos del desierto del Négev. Lo que hace inevitable recordar el “Plan Prawer”, una ley aprobada por el Parlamento Israelí en el año 2013, en la que se daba luz verde a la expulsión de los árabes nativos de estas tierras. Aunque parece haber quedado claro que cualquier negociación de paz con los palestinos queda excluida del programa de este futuro gobierno, cuya motivación máxima es la recuperación económica ante los estragos causados por la pandemia.  

Muchos han exigido neutralidad en los medios ante el conflicto. Sobre todo, los proisraelíes. No creo que haya un principio de mayor corrupción en la información que la neutralidad. Es como si mañana el Partido Popular afirmara que el sol es cuadrado y, en cambio, el PSOE dijera que es un pentágono. El principio de neutralidad exigiría dar la versión de ambos, sin más contexto, ni verdad. Lo de menos, sería que el sol es redondo. La información sólo sirve en el contexto de la humanidad y cuando se emprende la búsqueda de la verdad, lo demás es ignorancia, miedo y fanatismo.

Aristóteles dijo: “Se piensa que lo justo es lo igual, y así es; pero no para todos, sino para los iguales. Se piensa por el contrario que lo justo es lo desigual, y así es, pero no para todos, sino para los desiguales”

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