La cara  de Indie Cinema

Archivo // © 2019 · Indie CInema

¿Política o religión?

19 de febrero de 2019

En comunicación y publicidad no es ninguna novedad que las afiliaciones o afinidades políticas se producen por razones emocionales que, posteriormente, uno intenta racionalizar o argumentar. Esto también puede suceder por la cultura heredada en el seno de la familia en la que uno se ha criado. Igual que el equipo de futbol, también se hereda el periódico que se lee o el partido político al que se vota. En muchas ocasiones, el ciudadano no tiene más que un cumulo de sentimientos y prejuicios que operan por encima de su conciencia racional. Habitualmente obvia los hechos y los datos que lo cuestionan, atribuyendo al adversario un argumentario erróneo en su totalidad y, en muchas ocasiones, plagado de una maldad oculta y terrible. Esto plantea un obstáculo que parece insalvable. Parecería que el principio del pensamiento racional para discernir, por ejemplo, a quien votar, ha sido sustituido por una cuestión de fe. Es decir, ¿se puede mantener un debate racional sobre la existencia de un dios, con un creyente de ese dios? La respuesta es que no. Porque el creyente, cree. Punto. Tiene un convencimiento, no en base a una serie de experiencias, hechos y datos corroborables que conforman una realidad, sino que, por el contrario, el creyente cree en base a unos sentimientos y emociones que no necesitan de nada más para sustentarse o justificarse.

 
Lo relativamente novedoso sobre esto, es que ahora los partidos políticos y los medios de comunicación operan en base a este principio. Es esta cosa llamada posverdad, que muchos dicen que no es más que una palabreja que viene a definir algo tan antiguo como el ser humano: la mentira. Yo no estaría tan seguro. La gran mayoría de medios de comunicación no solo mienten sistemáticamente, sino que, además, configuran una realidad a gusto de su audiencia. Y esto es algo bien diferente a una mera mentira. La gran mayoría de partidos políticos ya no argumentan ni desarrollan pensamientos e ideologías. Sino que, por el contrario, sustentan su existencia en soluciones casi mesiánicas. Aunque estas sean tan ridículas como construir un muro para solucionar una circunstancia tan increíblemente compleja como la inmigración. O, sin ir más lejos, en nuestro país, el conflicto en Cataluña, donde ya hay quien se ha autoproclamado como el garante de las tierras del reino. No propone soluciones políticas. Propone algo así como una reconquista (un 155 permanente) de las tierras usurpadas. Con anterioridad a éste, otros que soñaban con una “republica catalana sin fronteras” o quienes posaban como Gandhi o el Doctor King al grito de otra república catalana, que sabían que no se iba a materializar. No así. No de esa manera. Podríamos seguir con el escalofriante Brexit o el alza de  algunos partidos en Europa y Latinoamérica, cuyo argumentario cabe en media servilleta. 


Todo esto, seguramente sea posible porque vivimos instalados en el miedo y la incertidumbre. Un constante temor a todo y a todos, como respuesta al mundo que se nos presenta a diario. Un mundo que ha cambiado mucho y que es extraordinariamente complejo. Acontecimientos como, por ejemplo, la caída de Lehman Brothers en 2008, nos han ido mostrando una realidad muy complicada de entender. Tanto, que nos hace sentir como pequeños e ignorantes seres que miran atónitos una gran bola de fuego que va y viene, sin saber que eso es el sol. Frustrados y perdidos, ya no sabemos en qué lado de los lados estamos porque, a diferencia de otras épocas, en el tablero ya no hay bloques bien definidos de buenos y malos. A cada cual, con el suyo propio. Carecemos de una visión básica del mundo en el que vivimos y eso no solo nos aterroriza sino que, además, nos impide imaginar otros mejores. 


Poco a poco, nos hemos convertido en una sociedad de adolescentes que, enfadados ante la complejidad de la realidad, ha decidido encerrarse en su habitación, en donde todo está bien colocado y tiene sentido, haciendo como si lo de fuera no existiera. Pero existe y tiene consecuencias. Siempre tiene consecuencias. Podrás negar el calentamiento global, incluso cuando te estés ahogando en el agua que antes era un casquete polar. Pero, al final, te ahogaras.  


Este nuevo siglo va a ser muy complicado. Extraordinaria y jodidamente complicado. Vamos a tener que afrontar cambios y crisis sociales, de emigración, ecológicas y climáticas, económicas, generacionales, tecnológicas y de recursos básicos como nunca antes ha conocido la humanidad. Bien, he aquí el dilema. ¿Estamos preparados para ello? La respuesta es no. No lo estamos. Ni de cerca. Da la impresión de que nos hemos abandonado en esta burbuja de mediocridad autocomplaciente que no solo se siente amenazada por la inteligencia o la motivación de querer ser mejores, sino que censura algo más importante aún, la aspiración a esas metas.  


A mí que me registren, pero parece que estamos en el escenario perfecto para una obra en donde la política vuelve a ser religión y el político su profeta. 

Realpolitik utiliza una licencia Creative Commons. Concretamente la licencia CC BY-NC-ND 4.0 (Ver detalles de la licencia) Las condiciones de esta licencia no se aplican a los contenidos (textos, gráficos, informaciones, imágenes...) publicados por Realpolitik procedentes de terceras partes o a cualquier otra empresa diferente de Realpolitik,

Off Cinema Producciones S.L

Indie Cinema es una marca comercial registrada propiedad de Off Cinema Producciones S.L, sociedad mercantil

inscrita en el TOMO 27.812 · FOLIO 1 · SECCIÓN 8 · HOJA M501202 del Registro Mercantil de Madrid.